jueves

ARCILINDA Y EL DESESPANTO

Creyó siempre Arcilinda que recibiría la carta hoy, día de San Valentín. Bajó de su casa al jardín y lo atravesó junto con sus chanclas rojo carmesí. Ya desde la puerta veía la carta asomar en el buzón, al lado del río.

Al llegar para hacerse con el correo, se abrió la ciénaga y Arcilinda cayó infinitamente hacia lo profundo. Fue en ese instante de espanto cuando el tormento le dio esa luz necesaria para ilusionarse, nuevamente, en su deseo de separar el alma del cuerpo. Repentinamente subió desde los mismos fondos un caudal líquido y Arcilinda salió despedida hacia fuera por el aire.

Inundada de excrementos aterrizó junto al buzón. Limpió sus gafas y abrió la carta que rezaba: "Disculpa, ...no se si podré seguir amándote.

Nadie puede imaginarse el desespanto de Arcilinda.

No hay comentarios: